*El subsuelo del poniente de El Mante finalmente recibe la atención que requería desde hace una década.

El Mante, Tamaulipas, México / 07 de Noviembre de 2026 / La actual intervención en la calle Quintero —límite estratégico entre las colonias Núñez, Quintanilla y Anáhuac #2— marca un punto de inflexión en la gestión de infraestructura local.

Mediante un esquema de trabajo tripartito entre el Gobierno del Estado, el Ayuntamiento encabezado por la alcaldesa Martha Patricia Chío de la Garza y la COMAPA-Mante, se ha puesto en marcha la sustitución integral de las redes colapsadas de agua potable y drenaje sanitario.

Sin embargo, la magnitud y el elevado costo financiero de esta obra sacan a la luz una realidad incómoda: la factura que hoy pagan las finanzas públicas y la ciudadanía por los errores de planificación del pasado.

La intervención abarca un tramo prolongado de la calle Quintero, cruzando arterias como Sor Juana Inés de la Cruz, Del Valle, Iztaccíhuatl, Josefa Ortíz de Domínguez y Cuitláhuac, hasta su entronque con Guillermo Prieto (Cañera).

Desde la perspectiva técnica, priorizar la sustitución de la tubería obsoleta antes de cualquier mejora superficial es la decisión correcta.

Resolver el problema de fondo —la fuga e invasión de aguas negras en hogares y vialidades— es una condición básica de salud pública e higiene urbana que no admitía más dilación.

No obstante, el análisis de esta obra es inseparable de su antecedente histórico.

El deterioro crítico que hoy se combate es consecuencia directa de decisiones gubernamentales de corto plazo.

Durante la administración 2016-2018, bajo la alcaldía de Juan Francisco Leal Guerra, la calle Quintero fue pavimentada con asfalto omitiendo por completo la renovación previa de la infraestructura subterránea.

La historia se repitió en el trienio 2018-2021, presidido por Mateo Vázquez Ontiveros, al asfaltar la calle Josefa Ortíz de Domínguez bajo la misma omisión.

En ambos casos se privilegió el impacto visual de una calle pavimentada por encima de la viabilidad estructural a largo plazo.

La consecuencia de «tapar el problema con pavimento» ha sido el colapso del sistema sanitario, el brote de aguas residuales en las viviendas y la destrucción del propio encarpetado asfáltico.

La obra actual, aunque necesaria y plausible por lograr la articulación entre el gobierno estatal de Américo Villarreal Anaya y las autoridades locales, representa una inversión millonaria que en gran medida se destina a reparar lo que debió hacerse bien desde el primer momento.

La reconstrucción en la calle Quintero es un alivio indispensable para las familias del sector y un acierto de gestión en el presente.

Al mismo tiempo, debe quedar como un recordatorio crítico para la administración pública: la infraestructura que no se ve es la que sostiene a la ciudad, y postergar lo fundamental para entregar obras superficiales siempre termina costando el doble.