HAY QUE DECIRLO. – Hay una epidemia de ceguera voluntaria en El Mante.

Es la del inconforme profesional: Ese ciudadano que exige soluciones inmediatas a la velocidad de una red social, pero que adolece de una ausencia absoluta de sentido común y de educación técnica.

Nos topamos a diario con la terquedad de no aceptar realidades objetivas.

Abunda la ignorancia a la hora de juzgar el desempeño municipal, denostando y exigiendo sin comprender algo elemental: la administración pública funciona con tiempos, presupuestos y programas presupuestales, no a capricho de las quejas en Facebook.

Rumbo al proceso electoral de 2027, el panorama es transparente.

La labor de la alcaldesa Patty Chío y la posibilidad real de una reelección incomodan a más de uno —y a más de una con aspiraciones políticas tempranas—.

De ahí nace la histeria colectiva en redes.

Los opositores, actuando como plañideras a sueldo, abruman a diario con el tema de los baches.

Seamos claros.

Ninguna obra es tardía cuando responde a un proceso técnico.

El agua es el enemigo natural del asfalto; la combinación de lluvias y tráfico pesado destruye pavimentos aquí y en cualquier lugar del mundo.

Romper una calle recién pavimentada para reparar tuberías sería un despilfarro criminal.

Por eso, el Ayuntamiento ha priorizado la rehabilitación de los colectores de drenaje sanitario y redes de agua potable antes de desplegar el bacheo generalizado.

Hacerlo al revés sería tirar el dinero público a la basura para complacer la impaciencia del respetable.

¿Tanto cuesta entender la lógica de construir desde la base?

¿Por qué la prisa por opinar antes de que los tiempos oficiales concluyan?

La crítica es necesaria, pero el berrinche por ignorancia solo retrata a quien lo firma… NI MODO, HAY QUE DECIRLO…