HAY QUE DECIRLO. – Lo más cómodo habría sido maquillar la ciudad.
Colocar tres luminarias, echar una capa delgada de pavimento sobre el pavimento viejo y levantarse a recibir aplausos fáciles.
Es la vieja receta de la política superficial: gasto cosmético para la foto y aplauso asegurado.
Sin embargo, la administración municipal 2024-2027 optó por lo incómodo y lo urgente: meterle la mano a lo que nadie quiere ver, pero todos respiraban.
Había que enterrar millones de pesos en las tripas de la ciudad para rescatar a cientos de familias mantenses que llevaban años navegando entre fugas, inmundicia y focos de infección.
Reparar colectores colapsados y cambiar tuberías destruidas no luce en las fotos de inauguración, pero salva vidas.
Obra que exigió gestionar recursos extraordinarios y priorizar la salud pública por encima del espectáculo.
La paradoja es ridícula: hoy, desde la comodidad del desconocimiento —o guiados por manos que mueven la cuna desde la sombra— se repite el libreto de «aquí no se ha hecho nada».
Claro que las calles duelen, pero tapar baches sobre drenajes colapsados habría sido una burla.
El saneamiento primero; el asfalto viene en camino dentro del Plan de Obra 2026.
Hay quienes prefieren el veneno del rumor antes que reconocer la prioridad sanitaria.
Pero la realidad está ahí, bajo tierra, aunque a la ingratitud le cueste admitirlo… NI MODO, HAY QUE DECIRLO…