HAY QUE DECIRLO. – Existe en la psicología social un fenómeno bien documentado: la resistencia dogmática ante la evidencia empírica.

Al analizar el ejercicio y la planeación de la alcaldesa Martha Patricia Chío de la Garza, resulta evidente que el vector que orienta sus acciones es el desarrollo social y el beneficio colectivo.

Sin embargo, es precisamente en este punto donde emerge una paradoja comunitaria: una suerte de miopía deliberada y escepticismo militante en ciertos sectores, donde la incapacidad para reconocer los avances objetivos raya en la disonancia cognitiva.

​Esta resistencia se manifiesta en tres vertientes: una ceguera retórica que se niega a aceptar los resultados tangibles; una sordera selectiva en comunidades que, aun siendo las destinatarias de la obra pública programada, prefieren mantener el agravio como narrativa; y, finalmente, una obstinación intelectual que se niega sistemáticamente a convalidar el progreso medible de su propio municipio.

A pesar de este lastre discursivo, el aparato municipal mantiene la marcha de los proyectos, supeditados únicamente a las variables climatológicas y no a las dinámicas del aplauso fácil.

No asistimos aquí a la típica política del simulacro o la escenografía fotográfica; lo que se observa es una planeación estructurada para el bienestar estructural de la ciudadanía.

Hay realidades que, por peso propio, resulta imperativo consignar… NI MODO, HAY QUE DECIRLO…