HAY QUE DECIRLO. — Existen verdades incómodas que una parte de la sociedad mantense se resiste a confrontar.
En octubre de 2024, la historia local dio un vuelco inédito: por voluntad popular, la licenciada Martha Patricia Chío de la Garza asumió el más alto honor político del municipio, convirtiéndose en la primera mujer electa para conducir los destinos de El Mante.
Desde el umbral de su mandato, la alcaldesa fue plenamente consciente del colosal desafío que heredaba.
Lejos de sucumbir al lamento o de escudarse en el diagnóstico de una infraestructura urbana reducida a escombros por el abandono institucional, asumió el timón con entereza.
Desde el primer día, sin ambages ni dilaciones, confrontó la precariedad de frente.
Su administración no ha sido fruto de la improvisación, sino de una arquitectura estratégica con metas a corto, mediano y largo plazo, diseñada para sanar las heridas más urgentes de la ciudadanía.
Es esa inquebrantable vocación de servicio la que hoy la impulsa a redoblar el paso.
Sin embargo, frente a la elocuencia de los hechos, emerge el eco de la mezquindad: Un reducido pero ruidoso sector social que, aun siendo beneficiario directo de las obras, prefiere el refugio del anonimato para verter su descontento.
Son diatribas estériles, desprovistas de argumentos; meros síntomas de la frustración de quienes apostaron por el colapso de una gestión y hoy se estrellan contra la terca realidad de los resultados. NI MODO, HAY QUE DECIRLO…