HAY QUE DECIRLO. – No estamos descubriendo el hilo negro ni el agua tibia, mucho menos pretendemos ser eruditos en la materia.
Sin embargo, lo que tenemos frente a nosotros —y no es de ahora— es la cruda realidad de un electorado viciado y una clase política jamás satisfecha.
Por un lado, nos enfrentamos a una ciudadanía impredecible: una gama de hombres y mujeres supeditados al mejor postor, dispuestos a comprometer su voto a cambio de beneficios inmediatos.
Por el otro, figuran los personajes de siempre: aspirantes eternos a puestos de elección popular que insisten en prometer lo que jamás cumplirán.
Han ocupado posiciones privilegiadas y, aun así, su ambición los empuja a buscar «más de lo mismo».
Bajo este esquema contaminado, nos aproximamos al proceso electoral de 2027.
Actualmente, partidos como el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano y el PVEM permanecen al acecho, esperando un resquebrajamiento interno en MORENA.
Es cierto que parte de la clase política morenista se encuentra hoy bajo la «guillotina» del juicio público por presuntos vínculos con grupos delictivos; no obstante, es un error generalizar.
No se puede medir con la misma vara a todos los que ostentan un cargo bajo esas siglas.
Cada instituto político posee sus propios estatutos e ideología, y son sus militantes quienes, para bien o para mal, interpretan y aplican esos conceptos en la práctica.
En el caso de El Mante, que es lo que nos incumbe, las realidades del escenario político local hablan por sí solas.
No hay razón para intentar frenar aquello que genera desarrollo urbano y beneficia directamente a la comunidad.
Basta observar con detenimiento los hechos tangibles que han permitido mejorar las condiciones de vida de cientos de familias.
Si la intención en las urnas es «castigar» a MORENA, se debe ser justo y reconocer las excepciones: aquellos que han realizado un trabajo destacado traducido en bienestar social.
Hoy, lamentablemente, vemos reaparecer en la escena local a los «emisarios del pasado».
Personajes que, tras años en posiciones de poder, poco o nada hicieron por los sectores más vulnerables.
Pese a su historial de repetición en cargos públicos, hoy vuelven con una voracidad insaciable, buscando capitalizar a un electorado que, en ocasiones, razona más con el estómago que con la cabeza… NI MODO, HAY QUE DECIRLO…