HAY QUE DECIRLO.  – Durante años, la narrativa urbana en diversos sectores de El Mante estuvo marcada por una constante humillante: la convivencia obligada con las aguas negras.

Lo que para algunos era un simple reporte técnico en una oficina, para las familias de las colonias Aurora, Morelos, Enrique Cárdenas González, Arbustos y El Bernal, era una crisis de salud pública que parecía no tener fin.

Hoy, el panorama es distinto y es necesario analizar el porqué.

El fin de la inmundicia crónica:

La rehabilitación total de los colectores generales de drenaje sanitario Benito Juárez y Aurora no es solo una obra de ingeniería; es una respuesta a una demanda histórica.

El sistema de drenaje, que por años operó en estado de colapso, no solo degradaba el valor de las viviendas, sino que mantenía a cientos de familias en una vulnerabilidad sanitaria inaceptable.

Ver estas calles hoy libres de residuos es el resultado de romper con la inercia del «no se puede».

El binomio del éxito: Municipio y Estado

El análisis de esta gestión no estaría completo sin señalar la importancia de la alineación política.

La administración de la licenciada Martha Patricia Chío de la Garza ha demostrado que la visión política es estéril si no va acompañada de gestión presupuestal.

En este sentido, el logro es compartido: El municipio identificó el foco de infección y priorizó la obra sobre otros proyectos de relumbrón.

El Estado aportó el respaldo económico determinante para una obra de esta magnitud.

Más allá del pavimento:

Lo que hoy celebran las familias mantenses es la recuperación de su dignidad.

Poder entrar a casa sin esquivar focos de infección es un derecho humano básico que finalmente se está garantizando.

La salud pública de El Mante ha dado un paso firme, demostrando que cuando hay voluntad, el drenaje deja de ser un problema político para convertirse en una solución social.

Al final del día, los hechos hablan más que los discursos, y hoy, en esas colonias, el aire se respira distinto… NI MODO, HAY QUE DECIRLO…