HAY QUE DECIRLO. – Transcurre apenas el mediodía de la primera página del calendario 2026.

Horas antes, fuimos testigos de la opulencia de algunos sectores en El Mante: el estruendo de la pirotecnia —dinero quemado al aire—, el consumo desmedido de alcohol y, por supuesto, la infaltable «carnita asada».

La euforia del fin de año quedó atrás.

Hoy transitamos el primer mes de un 2026 que debuta con una embestida económica: la carestía.

Si bien es cierto que el salario mínimo aumentó, no es menos cierto que este ajuste arrastra consigo el alza en los productos de consumo cotidiano.

Es la tradicional y desigual carrera entre precios y salarios; una competencia donde el trabajador siempre empieza con desventaja.

Como mexicanos «aguantadores», solemos aplaudir el decreto oficial del aumento salarial, pero la realidad nos golpea de frente: el esfuerzo individual de hombres, mujeres y jóvenes ya no alcanza para el sustento familiar.

El resultado es un círculo vicioso de endeudamiento permanente para sobrevivir.

El espejismo es cruel: te pagan más, pero comer, vestir y calzar cuesta mucho más.

Mientras haya salud, persiste la esperanza de un cambio real en las condiciones de vida.

Pero, por ahora… NI MODO, HAY QUE DECIRLO.