HAY QUE DECIRLO. – La clase media-baja mexicana vive en un estado de anestesia permanente.
Poco importa la carestía incontenible o esa carrera suicida donde los precios siempre devoran a los salarios.
A diez días de que muera el 2025, el golpe a la canasta básica ya es una realidad, y el aumento salarial para 2026 no es una buena noticia: es el acta de defunción para miles de empleos y el pretexto perfecto para disparar los precios.
Pero seamos claros: frente a la miseria, impera el cinismo del «nos vale».
Hay una resiliencia malentendida que prioriza el alcohol, la fiesta y el dinero quemado en pirotecnia sobre la estabilidad familiar.
Mientras el pueblo se entrega al festejo, el sector comercial —del magnate al abarrotero— afila los dientes reetiquetando mercancía, listos para recetar otro «ajuste» apenas suene la primera campanada del año nuevo.
Esta disparidad no es accidental, es un sistema de complicidades.
Si nos atreviéramos a mirar de frente esta tradición de excesos y abusos, sabríamos exactamente a quién culpar de la fábrica de pobres en la que se ha convertido México.
Pero nadie quiere despertar. NI MODO, HAY QUE DECIRLO…