El Mante, Tamaulipas, México / Octubre 21 de 2025 / Hoy, nuestro paso por el centro de la ciudad se tiñó de una tristeza inevitable.

El caminar diario nos llevó a dos puntos vecinos, testigos mudos de un pasado glorioso: la esquina de la avenida Juárez con la calle Linares, y su colindante con la calle Monterrey.

En este sector, la memoria se disparó con una punzada de añoranza hacia esos edificios que alguna vez fueron los hogares de las rivales históricas: la Embotelladora Pepsi-Cola y la Embotelladora Mante de Coca-Cola.

Esta visión imaginaria nos transportó de golpe a las décadas de los cincuenta y sesenta.

En aquella época, ambas empresas refresqueras ejecutaban una estrategia comercial formidable y permanente: mantener un vínculo inquebrantable con el consumidor.

¿Quién no recuerda a Pepsi-Cola y su legendario «Carro Carnaval»?

Aquella caravana que recorría las colonias más populares organizando concursos infantiles de canto y baile, premiando a los pequeños ganadores con valiosos útiles escolares.

Y qué decir de Coca-Cola, con su sorteo estrella.

La emoción de encontrar una, dos o tres estrellas grabadas en el reverso de la tapa, indicando la calidad del obsequio que recibiría el afortunado poseedor.

Era costumbre también la invitación abierta a todos los grupos escolares de la ciudad: visitar la planta, recibir refrescos y sándwiches, y volver a casa con un obsequio de lápices y cuadernos.

No podemos olvidar la magia semanal del Cine Gratis.

Ambas empresas competían por el mejor muro amplio, generalmente en una esquina visible, para proyectar inolvidables funciones de caricaturas y documentales a cielo abierto.

Pero todo lo bueno termina.

En algún momento, los propietarios de estas gigantes determinaron abandonar El Mante, poniendo fin a importantes fuentes de empleo y dejando un vacío extraordinario que, hasta hoy, se siente irrecuperable.

El edificio de Pepsi-Cola aún se mantiene en pie; conserva su identidad arquitectónica, aunque su propósito inicial se haya desvanecido.

La planta de Coca-Cola, por su parte, sufrió una transformación más profunda, mudándose al bulevar Luis Echeverría, donde finalmente marcó el cierre definitivo de sus operaciones como embotelladora.

Nunca, nada, jamás será igual al pasado… Alguien camina por donde ya pasé…