El Mante, Tamaulipas, México / Octubre 19 de 2025 / Olvidar los orígenes es un craso error, es negar haber tenido infancia, la etapa más pura y bella de la vida.
Quienes venimos de los finales de los años 40, guardamos celosamente en la memoria aquellas imágenes vívidas del lugar que nos vio crecer.
En esa proyección de tiempos pasados, mi mente se ubica justo en la calle Hidalgo y su cruce con la Tampico.
En esa esquina sur-oriente, existió un pequeño paraíso llamado Paletería «Superadria».
Su dueño era un bondadoso personaje de nacionalidad española.
«Superadria» dejó de funcionar en los años 50, pero fue, durante su existencia, un lugar de puertas abiertas para todo el público y, de manera muy especial, para los niños, el segmento social que recibía la mejor atención de su propietario.
Con diez centavos de aquellos años, podías comprar una paleta de frutos naturales de diferentes sabores.
Si tu capital económico ascendía a veinte centavos, aspirabas a disfrutar de una deliciosa paleta de leche en sus sabores estrella: Coco, Chocolate y Vainilla.
Pero es meritorio resaltar el desprendimiento desinteresado de aquel español.
Mantenía un sorteo permanente de obsequios, especialmente para la clientela infantil, que iban desde cuadernos y lápices, hasta cajas de colores y juegos de geometría.
El singular proceso era emocionante: el regalo iba identificado en un papelito dentro de una cápsula atada a mitad del palito de la paleta.
Durante muchos años, la Paletería «Superadria» fue la predilecta de los mantenses, sobre todo de los pequeños.
Hoy, en esa misma esquina de Hidalgo y Tampico, se alza un templo religioso, ocupando el mismo edificio, aunque modificado.
Cada paso cotidiano por este sector de la Ciudad hace que sea imposible no extrañar mi vida de niño y cliente de la Paletería «Superadria»… Alguien camina por donde ya pasé…

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