El Mante, Tamaulipas, México / Octubre 16 de 2025 / Es imposible cerrar los ojos.
La memoria, esa tirana implacable, nos obliga a trazar un inevitable comparativo entre El Mante de antaño y el de hoy.
Basta con entregarse a un deambular sin rumbo por el enrejado de calles para sentir el peso del tiempo.
Y fue así, en esa deriva dulce, que detuvimos el andar en un cruce que, más que un punto geográfico, es un archivo de recuerdos: la esquina de las calles Mainero y Zaragoza.
En el cuadrante nororiente, el recuerdo edifica de nuevo aquella modesta y noble construcción de madera.
Por años, fue uno de los contados expendios de Petróleo y Tractogas, combustibles que no eran accesorios, sino la esencia de la vida nocturna de miles de hogares, alimentando estufas y, sobre todo, aquellos viejos quinqués cuya luz amarillenta era la única defensa contra la oscuridad.
Hoy, el sitio lo ocupa una moderna residencia particular.
Pero para el antiguo mantense, la vista se nubla, y la memoria reemplaza el cemento por la silueta espectral de aquella vieja tabla de madera donde se despachaba el petróleo.
Justo en el lado norponiente, el cambio es igual de dramático.
Allí floreció por años el reconocido Restaurante «El Rincón Brujo», un nombre que aún sabe a sabor y conversación.
Con el tiempo, el establecimiento se volcó solo a la venta de bebidas, dejando atrás la cocina.
En el presente, aquel edificio ha sido transformado en un Centro Religioso.
La añoranza es un bálsamo agridulce.
Al contemplar la metódica sustitución de madera por concreto, de la comida por el culto, y del querosén por la modernidad, la voz interior no puede evitar manifestar una verdad ineludible: los tiempos idos han sido, y continuarán siendo, mejores que estos tiempos de ahora… Alguien camina por donde ya pasé…