HAY QUE DECIRLO. – Detrás de la promesa de un futuro urbano prometedor, la historia de los colectores del drenaje sanitario de El Mante es una mezcla de ignorancia, perversidad o, simplemente, malas intenciones.
La obra, iniciada durante el trienio municipal 1999-2001, se concibió y ejecutó con un error de origen: no contemplaba una dirección de descarga final, salvo el cauce del Río Mante.
Millones de pesos fueron invertidos en una infraestructura que, a la postre, resultó completamente inservible.
Las profundas excavaciones de los colectores jamás fueron planificadas para conducir las aguas residuales hacia una «planta tratadora».
De hecho, todos los ductos enfocaron su descarga directamente en diferentes puntos del Río Mante.
Ocho años más tarde, en la administración 2008-2010, se le vendió a los mantenses una nueva quimera: la construcción de la supuesta «planta tratadora de aguas residuales», una obra que, afirmaban, pondría fin a la contaminación.
Otra inversión millonaria en una obra inútil.
Lo más indignante vino después: la inauguración de este elefante blanco.
La Gerencia General de la COMAPA, a partir de 2008-2010, usó esta planta como argumento para imponer a sus más de 36 mil usuarios una cuota especial por el inexistente «tratamiento de aguas residuales».
El escándalo reside en que el sistema de drenaje de los colectores JAMÁS SE CONECTÓ A LA DICHA PLANTA.
Durante años, los usuarios de la COMAPA han cubierto esta inexplicable e injusta cuota porcentual.
Tuvieron que pasar más de dos décadas desde el inicio de la obra de los colectores para que sus deficiencias técnicas afloraran con toda su virulencia, inundando la ciudad con aguas negras a causa de fugas incontrolables e innumerables.
Este desastre obligó a las autoridades municipales del trienio 2012-2024 a solicitar apoyo urgente al gobierno del estado, APOYO QUE LES FUE NEGADO.
La situación actual es de una obviedad lacerante.
Las autoridades de hoy enfrentan la obligación de resolver el grave problema de las fugas, una herencia directa de la negligencia que data del periodo 1999-2001. Paso a paso se avanza rescatando amplios sectores residenciales de la grave contaminación producida por encharcamientos de aguas negras en la red de calles.
¿Hay, o hubo, culpables? Claro que sí.
Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Y el castigo? NI MODO, HAY QUE DECIRLO…